miércoles, 10 de febrero de 2010

Nocturno

El otro día me quité la boca para descansar un rato, pero ni aun así logré dormir. Más que menos lenguas necesito más cabezas. Con dos estaría bien. Una soñaría con la oreja bien planchada sobre mi almohada llena, llana, de pelos de gato, mientras la otra se trasnocha en darle vueltas recalcitrantes vueltas a los asuntos que dirá mañana, o al rato, o a los que no hubo de hacer ayer ni antier ni hace cinco minutos, ni mucho menos en la oficina. No le sentaría mal a ninguna de las dos la ayuda. A mí me caería de perlas.