viernes, 17 de julio de 2009
Felicidad
Con frecuencia estoy de buen humor. Los problemas del trabajo ya no me agobian como antes. Ya ni siquiera añoro tener vida propia ni algún tiempecito para mí, como solía decir antes. ¿Qué será? He dejado de tener ese sueño en que me ahogo en un océano oscuro y pesado. Espeso como engrudo. Oscuro. Ya no necesito cerrar los ojos ni recargarme en la pared del elevador ni respirar profundamente mientras subo hasta mi oficina. Ahora mismo, por ejemplo, ni siquiera me estoy cuestionando con desdén mi nueva tranquilidad: sólo reflexiono sobre esta recién estrenada condición anímica a la que, incluso, podría llamar felicidad… Debe ser consecuencia de las inyecciones, de las pastillas, de las terapias que, como parte de un nuevo proyecto gubernamental, están haciendo de mí un burro.
jueves, 9 de julio de 2009
Infelicidad
¿Infelicidad? Sí, a veces la experimento. Pero sólo cuando reflexiono sobre mí mismo y me da por pensar que no soy una máquina. En ocasiones como ésas detengo el trabajo, respiro profundo y exhalo con fuerza un rugido que, aunque no lleve consigo ninguna palabra, parece reclamar algo… a alguien, no se a quién. Entonces me siento, tomo mi cabeza entre las manos y me creo convencido de que tengo derecho a un salario digno de mi esfuerzo, a días de descanso, a un horario más flexible. Sin embargo, todo pasa pronto. Me reincorporo y vuelvo a mis obligaciones. Supongo que es consecuencia de mi excelente programación como ser humano.
martes, 30 de junio de 2009
Sacrificio
Deseaba hacerlo, se mordía las uñas, pero no contestó. No levantó el auricular con desesperación ni aseguró entre sollozos: Sí, soy yo… El teléfono no paraba de sonar desde ayer en la noche, desde que él no volvió a casa.
Eran los secuestradores, no había duda. Pero ella no recibiría la nota de rescate. No aceptaría el chantaje. Sin alguien a quien amedrentar, el encantamiento elaborado por esos criminales pierde efecto. Lo soltarían, estaba segura. Desconectó el aparato y fue a dormir.
Soñó con nubes blancas y un cielo azul inconmensurable.
jueves, 25 de junio de 2009
El misterio de los buñuelos
I
¿Perra le había dicho?
Con la piel erizada, rugió su furia y se abalanzó sobre él. Las garras crispadas buscaron hundírsele en el pecho, en el cuello, en la cara. A dentelladas intentó rasgar su carne. Lo aplastaría como a un insecto, como a una asquerosa cucaracha: bicho inmundo. Cerdo.
II
Estaba preparado para la ofensiva. Después de asestar ese derechazo en la mandíbula se desataría la verdadera pelea.
Estaba exhausto pero no se dejaría vencer. Que tirara el pañuelo quien tuviera ganas de ser humillado. Ganaría por resistencia: los golpes bajos nunca lo amedrentaron.
Sonó la campana que llamó a reiniciar el combate.
III
La masa se golpea con fuerza hasta que todos los ingredientes se han integrado, entonces su aspecto será homogéneo y suave. Se dejará reposar a temperatura ambiente. Crecerá al doble. En este punto, con las manos humedecidas se harán bolitas muy pequeñas que luego se extenderán fácilmente con movimientos repetitivos sobre una superficie plana. El aceite, perfectamente caliente, hará el resto del trabajo.
martes, 23 de junio de 2009
I saw de light
Salió de la depresión escalando la pendiente. Un movimiento después del otro, lento pero contundente en el avance. Y venció la espesa oscuridad que lo envolvía con una idea: se le prendió el foco.
viernes, 19 de junio de 2009
¿Cree usted?
Pues dicen que sí. Que encontró al Cristo en una borrachera.
Según esto, se lo robaron unos descastados de la parroquia de San Miguel, cuando la Revolución. Imagínese. Y que lo enterraron allá lejos, junto al tamarindo viejo, donde el apancle se abre en dos.
Y dicen, pues, que los bandidos nunca regresaron a sacarlo. Que según iban a dejar pasar un tiempo en lo que la bulla se olvidaba, pero que se fueron los meses y los años y que no volvieron. Seguro que Dios los castigó. Dios no perdona ofensas así. Iban a rasparle todo el oro a la cruz y luego regresar al santo a su altar, dicen. Quién sabe qué pasaría, el caso es que el Cristo no volvió nunca a la iglesia hasta que Beto lo rescató. Ese Beto, caray.
Nadie lo intentó antes que él porque el Enemigo vigilaba. Muchos dieron testimonio de que una sombra negra se aparecía al pie del árbol…
Una noche, Beto se metió bien cuete entre las parcelas tupidas de caña, envalentonado por el alcohol. Y, al otro día, el peón de Genaro, el dueño de la tierra, descubrió al Cristo, con todo y su cruz, recargadito en el tronco del tamarindo, sobre un montón de tierra removida, sin oro ya. Ah, pero el oro no se lo quitó Beto, qué va. El oro se lo quedó Genaro, eso lo sabe todo el pueblo.
¿Qué qué pasó con Beto? No lo volvimos a ver. Se habrá quedado en lugar del Cristo Crucificado. ¿Usted cree que el Diablo iba a soltar gratis al prisionero? No, señor: hizo cambalache y se quedó con el muchacho. Eso es, pero nomás se supone porque ¿quién quiere que se atreva a rascarle ahí ahora? Nadie, pues.
Beto no se robó el oro ni se fue al otro lado, como también refieren las malas lenguas. El cuerpo de Beto se lo estarán comiendo los gusanos del tamarindo y su alma inmortal estará en el Reino de los Cielos en recompensa por su sacrificio, gozando ya de la presencia del Altísimo, bendito sea su santo nombre… Aunque, no se lo diga a nadie, yo pienso que también podría estar en la puritita quemazón de los Infiernos, purgando condena por borracho y pendenciero; con Patitas de Cabra picándole las costillas con su trinche. Ni más ni menos merecía ese Beto, pues: hacía sufrir mucho a su pobre madre con todos esos escándalos, con todas las peleas en las que se embrollaba. ¿Cree usted? Qué pecado tan grande.
Según esto, se lo robaron unos descastados de la parroquia de San Miguel, cuando la Revolución. Imagínese. Y que lo enterraron allá lejos, junto al tamarindo viejo, donde el apancle se abre en dos.
Y dicen, pues, que los bandidos nunca regresaron a sacarlo. Que según iban a dejar pasar un tiempo en lo que la bulla se olvidaba, pero que se fueron los meses y los años y que no volvieron. Seguro que Dios los castigó. Dios no perdona ofensas así. Iban a rasparle todo el oro a la cruz y luego regresar al santo a su altar, dicen. Quién sabe qué pasaría, el caso es que el Cristo no volvió nunca a la iglesia hasta que Beto lo rescató. Ese Beto, caray.
Nadie lo intentó antes que él porque el Enemigo vigilaba. Muchos dieron testimonio de que una sombra negra se aparecía al pie del árbol…
Una noche, Beto se metió bien cuete entre las parcelas tupidas de caña, envalentonado por el alcohol. Y, al otro día, el peón de Genaro, el dueño de la tierra, descubrió al Cristo, con todo y su cruz, recargadito en el tronco del tamarindo, sobre un montón de tierra removida, sin oro ya. Ah, pero el oro no se lo quitó Beto, qué va. El oro se lo quedó Genaro, eso lo sabe todo el pueblo.
¿Qué qué pasó con Beto? No lo volvimos a ver. Se habrá quedado en lugar del Cristo Crucificado. ¿Usted cree que el Diablo iba a soltar gratis al prisionero? No, señor: hizo cambalache y se quedó con el muchacho. Eso es, pero nomás se supone porque ¿quién quiere que se atreva a rascarle ahí ahora? Nadie, pues.
Beto no se robó el oro ni se fue al otro lado, como también refieren las malas lenguas. El cuerpo de Beto se lo estarán comiendo los gusanos del tamarindo y su alma inmortal estará en el Reino de los Cielos en recompensa por su sacrificio, gozando ya de la presencia del Altísimo, bendito sea su santo nombre… Aunque, no se lo diga a nadie, yo pienso que también podría estar en la puritita quemazón de los Infiernos, purgando condena por borracho y pendenciero; con Patitas de Cabra picándole las costillas con su trinche. Ni más ni menos merecía ese Beto, pues: hacía sufrir mucho a su pobre madre con todos esos escándalos, con todas las peleas en las que se embrollaba. ¿Cree usted? Qué pecado tan grande.
lunes, 15 de junio de 2009
Los gatos
tiran mucho pelo
son malvados por naturaleza
arañan
son malvados por naturaleza
son ingratos
tienden a ser callejeros
y son malvados por naturaleza
Ejemplos de gatos malos:
Gatúbela (hasta su actuación es mala)
Gatopardo (es malísima)
Gato con botas (fue ruin con el pobre ogro)
Garfield (el ejemplo de como debes ser para que Dios te vomite)
El Gato viudo (es borracho y vividor)
En fin, no otorgan ningún plus. los perros al menos te mueven la cola y te ladran
El único gato que en algún momento pudiera yo aceptar sería un gato hidráulico...
Larat Arab Iosa
son malvados por naturaleza
arañan
son malvados por naturaleza
son ingratos
tienden a ser callejeros
y son malvados por naturaleza
Ejemplos de gatos malos:
Gatúbela (hasta su actuación es mala)
Gatopardo (es malísima)
Gato con botas (fue ruin con el pobre ogro)
Garfield (el ejemplo de como debes ser para que Dios te vomite)
El Gato viudo (es borracho y vividor)
En fin, no otorgan ningún plus. los perros al menos te mueven la cola y te ladran
El único gato que en algún momento pudiera yo aceptar sería un gato hidráulico...
Larat Arab Iosa
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